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    viernes, febrero 13, 2009

    De trenes y montañas de puchos

    Cuando volvés a ver a tu ex después de más de un año y justo el día que 6 años atrás se conocieron, pueden pasar dos cosas. Una podría ser que lo pases muy bien y te des cuenta que la vida fue sabia al haberlos separado con ayuda de la cola del diablo. La segunda opción, puede ser que no sepas si metiste la pata en algo, que a él no lo recozcas del todo, que te parezca una persona amistosa y que quieras recomponer el vínculo evitando pensar romperle la boca de un beso, sólo por ser un ex.

    Con el ex siempre existen riesgos, todo se puede mal entender y por ello, cada movimiento tiene que ser fríamente calculado. Las miradas pueden decir tanto como poco, los ojos pueden estar posados concentradamente en tus gestos y tus palabras probablemente nunca sean las adecuadas para cada contexto. Es más que seguro que repitas cosas y parafrasees cursilerías a doquier, pero lo importante será ser uno mismo, en un día en que los nervios pueden jugar una mala pasada o simplemente no permitirte tener esa simpleza de siempre.

    Además, pasará lo de siempre pero en exageradas cuotas: más silencios, más puchos apretados en un ajeno cenicero, más lluvia y extrañas historias que quizás sirvan para espantar erróneos sentimientos o incómodas e hipotéticas situaciones.

    Es un encuentro así, no se puede pedir que te firme diez papeles grises para amar ni mucho menos pedir que te baje una estrella azul. Pero sí podés pedir un abrazo sin decir nada, sin siquiera mirarlo para no mostrar los ojos redondos y oscuros como los de cualquier perro pequinés. También podés soltarlo rápidamente porque recordarás que cualquier movimiento puede ser tomado como una provocación, como sucedió en el pasado; pero sobre todas las cosas te vas a quedar pensando si después de esa unión fraternal -que no perdura en el tiempo más de cinco segundos- venía algo que nadie se animó a hacer o que no, que así terminaba casi la noche.

    Verás que lo mejor es no tener sentimientos residuales del pasado y agradecer la onda del momento aunque que los chistes sean malos y las reacciones de él a ellos sea mucho peor. Comprenderás que pasaron aguas bravas debajo del puente, y que ahora volver a transitar ciertos caminos puede causar temores, aunque la idea sea alejarse de terrenos sinuosos.

    Finalmente, te irás con una extraña sensación. Con un vacío quizás. No sabrás cuál de las primeras opciones te ha tocado en suerte ni entenderás por qué al día siguiente simplemente lo extrañes por más que aceptes que las cosas son así. Entonces pasarán los días, las semanas, meses y quién sabe cuanto más; pero es seguro que lo volverás a cruzar y que cada vez que eso ocurra será un momento especial porque él es algo especial; y como yo le dije mientras una mesa, un tanto baja para la altura de las sillas, nos separaba: el tren pasa una vez, a lo sumo dos.

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    Derrochado x Fran a las 2:51 p. m.