Campaña del mes


Campaña Septiembre 2008


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  • Mujer gorda
  • Poco recomendable
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  • Yo necesito que vos pienses
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  • That's all I'm saying
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    domingo, noviembre 30, 2008

    O tu o ninguna

    Tuve la pierna hinchada como un melón achicharrado.
    Se me quemó un ventilador.
    El aire como que no da a basto.
    Se me hinchó la rodilla.
    No puedo manejar.
    Hace mucho calor, cada vez más.
    Promocioné una materia un tanto difícil.
    Ex en peligro.
    Fui a ver a Luis Miguel.
    Tuve que subir mil escalones para llegar a la platea. Mi pierna, bien gracias.
    Luis Miguel tiene los dientes muy blancos y se notan de lejos.
    Huracán de viento y tierra. Liniers apesta.
    Lluvia. Pizza y cerveza. Mucha pizza, poca cerveza.
    Barracas, familia. Olivos, casa.
    Luis Miguel cantó sin parar una hora y media. Pero sin parar, eh.
    Calor y lluvia. Mis pelos insoportables.
    Siempre me identifiqué con Luis Miguel porque tengo la sensación que el chabón (o chaparrito -?-) come una milanesa de más y engorda como un sapo.
    Sábado: The glory of love (Bette Midler)
    Domingo: ceno con Botona.
    Noticia macabra del finde: reencuentro luego de 16 años con los mocositos de la primaria.
    OMG.

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    Derrochado x Fran a las 12:32 a. m.  

    domingo, noviembre 23, 2008

    Un desgarro de emociones

    Sr/a lector: Ud. está en presencia del post 300 de MaT y se viene largo. Está advertido.

    Estoy a una semana que se termine noviembre y sigo sin darme la vacuna contra la rubéola, y sinceramente no sé cuánto tiempo más podré engañar a mi padre con versos sobre el cierre parcial del hospital por una huelga sin límites, con las salitas médicas del barrio clausuradas por la falta de insumos o con las farmacias desabastecidas por el exitoso boom que implica esta lucha descarnada y sin cuartel contra la rubéola. No sé.
    Aun así, tengo que usar el auto... pero cuando me recupere porque, según la palabra autorizada de un médico, tengo un desgarro muscular en el abductor que si dentro de las 24hs. presento hematomas en la pierna es porque tengo ruptura de músculos, y tendría que hacerme unos pequeños estudios, aunque ya sabemos que zafé de ruptura de tendón. Pero... ¿cómo es que llegué a desgarrarme?

    El viernes que pasó fue brutal y lleno de energías positivas (?) Para comenzar, fue el día que le dimos al aire acondicionado en casa como si no hubiera un mañana y que significó que el jardincito de adelante se inundara del agua que el aparato va largando de una transparente manguera. Debo admitir que Ulises (el cachorro de 40 kilos) tuvo suspendidas sus actividades orgánicas en dicho espacio por razones obvias.
    A su vez, mi hogar fue una especie de heladera cósmica en la cual todos eramos felices, veíamos tenis, tomábamos suculentos licuados de frutillas y las mascotas yacían en el piso pero por costumbre nomás.
    Cuando pensé que el viernes mejor no podría culminar, fui invitado raudamente al recital de Queen, que claro está, no dudé un segundo y abandonando mis frescos ambientes, me aventuré a la calidez de la ciudad, trasladándome a Liniers. Un espanto.

    Pero bueno, dentro de todo espanto geográfico se supone la existencia de un oasis, que en este caso sería el estadio de Velez y conste en actas que le estoy dando mucho crédito porque voy a estar visitándolo seguido.
    Volvamos brevemente al recital: es increíble porque uno no tiene noción de estos flacos, hablo de noción de la inmensidad, de lo que representan, de la historia que estos chabones han escrito (?) y cuando de golpe oís temas TAN clásicos no podés creer que esté sonando The show must go on, o Radio ga ga, o Love of my life o Rapsodia bohemia o etc. Tampoco se puede creer el pelo de May... ¡loco, que se le caiga!
    En síntesis, yo no tengo palabras para describir esos momentos que pasé de la mano de mi amada y bienaventurada amiga
    Grisel (que podrán vernos juntos en las fotos de la primaria de mi Facebook) porque si bien no soy fan de Queen, debo decir que soy un admirador de la fuerza de la banda y de la voz sin escrúpulos de Rodgers (lo amo desde que lo oí y voy a pedirle que me cante el arrorró).

    Ahora bien, nosotros nos sentamos en un lugar un poco alejado del escenario, es cierto, pero antes tuvimos la desechada posibilidad de pagar una coima a los acomodadores y pasar a formar filas de una platea un poco más VIP.
    Desde nuestros lugares originarios, planteamos la posibilidad de tras un pequeño desembolso económico ascender a la categoría que nos seguía, y fue así como atravesé media platea alta para ir al encuentro de nuestro coimero de turno que rápidamente aceptó trasladarnos de nivel.
    Para volver al encuentro de Grisel, que estaba sentada en nuestros lugares iniciales, volví a atravesar la platea esquivando enfermos y tratando de no caerme a la mierda de las escaleras que YA estaban ocupadas de traseros de personas sin educción que no ponían sus sucios culos en los asientos correspondientes.
    Es fácil imaginarse como sigue esto. Bajando las peligrosas escaleras e intentando no pisar ni ropa, ni manos, ni artilugios, le erré al escalón y mi pierna izquierda se fue a una fosa y mi pierna derecha quedó no sólo arriba del escalón, sino que soportando un ángulo de 176º. Sí.
    He aquí mi desgarro.

    Claro que el dolor, que se asemeja a una cuchillada o a un tirón lo suficientemente fuerte, apareció al instante y perduró durante la noche, dificultándome caminar pero que a su vez no era algo que uno diga "guauquedolormequieromorir". Así termino el viernes, así transcurrió el sábado y mis dolores continuaban y empeoraban hasta que hoy domingo sé lo que padezco y sé que me espera un poco de reposo por unos largos días, hielo (porque se me hinchó la gamba y soy Maradona en el 94) y demás drogas en pastillas que las bajaré con los más deliciosos alcoholes y néctares de delicadas frutas.

    Ya saben, en estos días no me pidan que cabecee porque estoy así por darles mi vida. Otra cosa, al mogólico, que cuando me hice concha, hizo como Nelson (de los Simpson) "AH AH!", que me la mame hasta el final.

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    Derrochado x Fran a las 5:47 p. m.  

    jueves, noviembre 20, 2008

    Con V de vincha

    Siempre me pasa lo mismo. Llega julio o noviembre y yo para optimizar mis tiempos y mi desempeño académico (?) me la paso leyendo de sol a sol y durante un par de semanas suspendo mi vida. Y la suspendo a tal punto que dejo de hacer todo lo que no sea: acicalarme, comer y mucho, leer y dormir. Bueno, no, también encuentro mis espacios recreativos y me toqueteo pero con cierto apuro y culpa.
    Con respecto a esto último me pasa algo particular. Me di cuenta que en el transcurso de las semanas demoledoras, si me toco para darme placer (?) no sólo lo hago con un mínimo de culpa por el tiempo perdido, sino que me enojo conmigo mismo si tardo en acabar... ¡Pero la puta madre, dale, salí! (y los apuntes yacen en el escritorio mirándome, abiertos en páginas llenas de colores que los resaltadores han impuesto) Tampoco niego que más de una vez me dan ganas de darle un bife al pene.
    Esas son las cosas que pasan cuando la cabeza está en otro lado. Paradojicamente.

    Decía que me abstraigo de mi realidad, que a mi lado pasa la vida y yo sigo leyendo, mezclando contenidos de las materias, desgrabando entrevistas o escribiendo algún que otro artículo. Se me pasa la vida y voy juntando ropa que debería poner a lavar en el tacho para la ropa sucia que compró mi viejo y que tiene forma de vaquita de San Antonio (volveremos sobre este tema), voy juntando pelo del perro en el piso de mi habitación a tal punto de si quisiera podría armar otro perro con tanto pelo caído, no leo diarios ni veo noticieros, apenas oigo música pero me la paso pelotudeando en Internet, no hago la cama, no me afeito y para leer me ato el pelo o me pongo una vincha (no se si vincha es con v)

    Ahora estoy estirando demasiado el hecho de ir a vacunarme contra la rubéola y mi padre ya pegó el grito en el cielo y dijo que no me daba el auto hasta que no le presente el certificado (Highlights: rubéola, padre, auto). Claro que le dije que me sentía una vaca presentando papeles que liberaran falsas sospechas de aftosa en mí. O mal de la vaca loca. Pero él dice que no le importa, que si las vacas tienen papeles, yo también debería tenerlos.
    Claro, las vacas tienen papeles para que después las maten, yo sólo necesito el certificado para usar el auto. Y espero no matarme. Que sé yo, ya eso me excede.

    En otro orden de las cosas, estoy dejando pasar algo muy importante: darle el refuerzo de la rabia a mi cachorro que debe estar ya pesando 40kilos. O más, porque largó un culo terrible, como el padre.
    Cuestión que hoy, en mi primer día de vacaciones cortas (antes de finales) llamé al veterinario para consultarle sobre el temita este y cuando me dijo el precio de la vacuna más la aplicación CREO que suspiré de tal modo que le di tanta lástima que me sugirió que se la aplique yo, a lo que inmediatamente imaginé agujereándole un riñón al perro y llorando por el resto de mi vida.

    Y no, pensé, no puedo llorar tanto porque se me vienen los finales y ahí voy a tener que suspender de nuevo mis emociones, por lo menos hasta navidad.

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    Derrochado x Fran a las 12:51 a. m.  

    domingo, noviembre 16, 2008

    Sábados

    Para mí, las noches de sábado son tristes. Son tristes porque el domingo me levanto temprano para ir a laburar y por ende el sábado en sí engloba no salir hasta tarde, no boludear tanto y dormir a cualquier precio lo más que pueda. El sábado es como esa última bala que debe tener el héroe de turno en su más peligrosa arma y que guarda celosamente por si el peligro acecha y pone en juego la vida del mismo. Después resulta ser que el proyectil no se usa, o en el mejor de los casos se dispara pero nunca sale o un villano roba el arma y nos mata con la sagrada última bala.
    Mis sábados son así, siempre están a punto de ser algo más brillante que cualquier otro día, siempre tienen la sensación de ser el sábado y siempre gira en torno a auspiciosos planes que por supuesto, quedan en el más cercano de los olvidos.

    Cualquiera pensaría que llevo una vida aburrida, y no se equivoca; aun así, mis sábados conservan una gloria que pocos entenderían, ya que se mezclan las horas con música o imágenes ruidosas y llamativas que el televisor ofrece, con algunos gritos lejanos de mi madre y con los olores particulares que mi enorme perro va despidiendo, anunciando que se va a cagar muy pronto.

    Hoy, mi sábado es uno más y uno especial: para comenzar estamos con mi vieja solos en la casa (mi viejo está en la casa de la novia y mi hermano se fue a Zarate de campamento, está mal de la cabeza). Cenamos unas milanesas riquísimas como hacía tiempo que no ya que seguro nos estaban vendiendo carne de vaca vieja. Hablé eternos minutos con una personita más que especial que está transitando las primeras horas de su divorcio. Tomamos té con budín inglés porque hace frío y cuando hace frío hay que hacer cosas de invierno y finalmente limpiamos a full el living donde prontamente instalarán el aire acondicionado, que claro, ahora si sigue este fresco me lo voy a tener que insertar en el orto por más que me lastime.

    El sábado se va, o ya se fue, y entre música de Mariano Otero recorriendo cada rincón de la casa y la obligación de leer textos sobre situaciones de interacción comunicacional y estigmas en individuos, me como un Danette de vainilla pero como no me alcanza con esa mierdita de postre, supero mis limites y le agrego dulce de leche con exageración, lo cual me está causando un empalague tal que voy a vomitar.

    El perro me mira y mi vieja yace en su cama oyendo Radio 10.

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    Derrochado x Fran a las 12:16 a. m.  

    lunes, noviembre 10, 2008

    Hasta que me olvides, voy a intentarlo... (Madonna me la chupás)

    "Noviembre es el mes de la muerte". Frase que todo estudiante oye una y otra vez hasta el agotamiento mental, de igual manera o reformulada. Y qué cierta es... cada noviembre que pasa me siento más viejo, más cansado y con los huevos más llenos. Cada noviembre se lleva de mí rasgos de juventud y me implanta con violencia ojeras, granos, ansiedad, kilos de más, etc etc etc. Por suerte (o no tanta, depende el gusto) sigo con una sola cana que se luce en mi largo flequillo.

    Este noviembre no podía ser menos, claro está, y ya lo voy transitando con reuniones llenas de tensión para un gran trabajo práctico, con otras entregas, parciales uno atrás de otro y por supuesto, con todo lo que esto implica: asistir sin opciones a clase, leer hasta sentir los ojos secos como un huevo duro y dormir poco, manteniéndome alejado de lujos terrenales como la tele, la máquina y algunas salidas placenteras.

    Como si fuera poco, noviembre se está alzando con inesperadas altas temperaturas que se marcan en los termómetros menos delicados (?) y esto suma mucho, porque estudiar, ir y venir, etc. con este calor... no es nada recomendable. Y menos cuando, como dije antes, noviembre saca vida como los videojuegos*.

    Sumamos y sacamos un total: Noviembre es el mes de la muerte... pero yo hoy me compré un aire acondicionado y me regalaron entradas para ir a ver a Luis Miguel y contra todo lo imaginado, voy a ir a cantar hasta que la garganta se me abra a la mitad y se me vean las cuerdas vocales moviéndose como si se trataran de una persona con convulsiones.
    Eso sí, de esto no se tiene que enterar nadie.

    *Parafraseando a
    Gabulina

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    Derrochado x Fran a las 10:23 p. m.  

    sábado, noviembre 08, 2008

    Fantasías animadas de ayer y hoy, presenta:

    Me pasa que ultimamente no hallo conexión con el blog. Me pasa que lo veo feo, pálido, triste, vacío, sin sentido y con otros sentidos. Me pasa que me aburre con pasión y me estresa abrirlo. Me pasa que de pensar en postear comienza a dolerme las articulaciones, la cabeza, me cambia el humor y me desespero. Me pasa que me siento a escribir y todo me parece cualquiera y todo me parece de terror. Entonces, todo eso, tiene una conclusión y reflexiono: mi vida es cualquiera capaz. Y acto seguido, decido abandonar el blog como una mujerzuela dejaría a un hijo deseado en la puerta de una iglesia, que lo deja por el simple hecho de no poder con él. Ni querer, ni poder.

    Pasa una semana, dos, un mes y no entré más a verlo, pero aun así siempre me acuerdo que hay un hijo mío abandonado que ya tiene más de 4 años y que supo ser importante. Entonces es más lamentable la pena que me causa el abandono que tener al crío y darle una vida un tanto sugerente.

    Entonces me siento una noche de sábado frente al blog, tardo en loguarme porque no me acuerdo como lo hacía y entro. Entro y directo creo una nueva entrada y sin pensarlo mucho sale esto. Y en esto resuena el popular cántico que dice "otra oportunidad, otra oportunidad..." y así repetidamente hasta el hartazgo.
    Entonces, sin respirar, posteo algo. Pienso un título rápidamente (se lo pongo) (qué mierda puse!?) Etiqueto el post (cosa que antes no existía) y pongo un punto final y Publicar entrada.

    Ah, y después de muchos años, no voy a poner más una frase entre paréntesis al final del coso (post)

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    Derrochado x Fran a las 11:54 p. m.