Campaña del mes


Campaña Septiembre 2008


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    lunes, enero 19, 2009

    Los muertos vivos II

    Después de semanas de espera, había llegado el momento del aclamado y tan mencionado reencuentro con la gente con la cual hice la primaria, allá, en Barracas.
    La escuela lucía igual que siempre pero más pequeña y yo estaba radiante como pocas veces: unos pelos exquisitamente alborotados, un bronceado básico que ayudaba bastante a disfrazar los golpes de la edad (?) y un look informal, bastante normal. Lamentablemente mi gordura me excede y no pude bajar más que un kilo para este gran evento.

    Podría ir y venir con cientos de frases y comentarios sobre lo que fue la noche, pero sería muy largo y quizás tedioso. La cuestión es que volvimos al colegio con más entusiasmo con el cual lo hacíamos hace más de 16 años, entramos todos sin chistar y hasta daba pena irse. Los chicos estaban como siempre: algunos muy altos, gordos, flacos, chicatos, mal vestidos, con olores, perdidos y otros todo lo contrario; y si bien no somos amigos, parece que en el medio de tantos años de silencio e historias cerradas, el tiempo no había pasado del todo; sólo para agregarnos kilos, ojeras, canas y anécdotas. Algunas terribles. Algunas similares.

    Grisel dice que todo esto nos acarició el alma y si bien yo no quiero abrirles lugar en mi corazón para que entren de nuevo en mi vida, entiendo que ella un poco de razón tiene. Mucha.

    Dejo una foto y pido disculpas porque no voy a decir quién era la hija de puta que no saludaba, ni el sorete cagado en guita que se la pasaba discriminando a putos o negros o gordas, ni quién era falto de personalidad o quién tenía demasiada. Ahí estoy yo, y faltan muchos que estaban bebiendo o no habían llegado. O están de vacaciones.

    Ahora, volviendo a la realidad y saliendo de esta burbuja de recuerdos y cimbronazos: Esto ya es macabro; pretenden que nos juntemos, que salgamos, que comamos y que en un mes estemos todos revolcándonos en una casa quinta por Pilar y dándonos champuzones frescos en cálidas aguas al sol. Están todos locos, Facebook te odio.

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    Derrochado x Fran a las 9:50 p. m.  

    miércoles, diciembre 24, 2008

    A deshoras

    En mi casa Papá Noel llegaba siempre a cualquier hora.
    Recuerdo la vez que a mis 7 años le pedí un pizarrón de esos que vienen en atril con el borrador correspondiente, tizas de colores y con la peculiaridad de que en la pizarra hubiesen líneas de acrílico blanco emulando renglones. Esas primeras horas del 25 de diciembre del 88, Papá Noel no llegó y tampoco lo esperé demasiado. Al día siguiente estuvimos de tour y recuerdo que todos fuimos a Chacarita a llevarle flores no sé a qué, y también evoco que al regreso me clavé una siesta terrible porque me la había pasado corriendo por un cementerio tan enorme y vacío como alegre.
    Al despertarme, estaba a mi lado el pizarrón y yo campante me le tiré encima.

    Además, en mi casa Papá Noel era original para dejar los regalos, daba la sensación que se olvidaba que existía un árbol escandalosamente decorado donde ubicarlos y aparecían tirados en cualquier lugar de la casa envueltos en papel de diario. Según mis viejos, eso sucedía porque el gordo abrigado de más era tímido y quería que los obsequios fueran encontrados. Una mezcla de búsqueda del tesoro, pascuas y visita de Reyes Magos.

    Mis navidades fueron siempre así. Regalos a deshora pero siempre algo había, siempre llegaban y siempre se mantenía la creencia en que existía alguien que se esmeraba para traernos el juguete deseado bajo las amenazas sutiles de los padres... hasta que un día, buscando una enciclopedia para jugar a ver cuántas banderas internacionales sabía, encontré la ametralladora bronco que con tantas ansias le había encargado a Papá Noel. Estaba ahí, en su caja perfecta y llena de brillo. Los dibujos del envase eran los mismos que se mostraban en la TV, y detrás de un fino plástico transparente estaba el arma negra esperando por mi, que la llene de agua y salga a empapar a todos los demás nenes pobres de la cuadra. Pero para que llegara navidad faltaban 5 eternos días.

    Durante esas jornadas me la pasé jugando con la metralleta cuando mis viejos no estaban o cuando dormían. No le ponía agua ni intentaba colocarle las pilas. Jugaba, le disparaba a todo imaginariamente y ya afinaba mi puntería para el cometido final.

    Fue así como me di cuenta que Papá Noel no existía y que mis viejos eran unos villeros sin remedio. Como siempre, y ya desde niño, tuve que transitar un trauma solo y en los primeros minutos del día 25 tuve que salir a jugar con mi regalo junto a otros niños con la noción que mi chiche era viejo y que ya novedades no me traía, pero lo mejor fue la actuación, digna de un premio de la Academia, cuando destrocé los papeles y ahí estaba lo que yo tanto deseaba: una mentira disfrazada de plástico negro.

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    Derrochado x Fran a las 4:10 p. m.  

    domingo, diciembre 14, 2008

    Los muertos vivos

    Hace unas semanas tuve que hacer unas entrevistas en el barrio de Villa Urquiza buscando datos sobre la inseguridad y los estereotipos que la gente marcaba en los delincuentes, y fue sinceramente un trabajo delicioso que me tuvo... como decirlo: entusiasmado. En una de estas entrevistas tuve como objeto a la encargada de un restaurante que, entre varios puntos, me contó que ahí habían matado a dos personas y que tenían reservas hasta fin de año porque, curiosamente, había como una ola de reencuentros de jóvenes con sus ex compañeros de la primaria.
    Llamativo, pensé. La metáfora "ola" nunca mejor utilizada.

    Me pregunté porque yo no estaba teniendo de esos reencuentros. ¿Sería acaso porque de muchos que éramos, en su momento sólo me hablaba con menos de la mitad? ¿Sería acaso porque los niñitos no hacían más que marcar las diferencias de clase?¿Sería quizás porque nunca me invitaron a la casa del más "adinerado" (sos de Barracas, infeliz) a festejar "asaltos" o fiestas de disfraces? ¿O quizás sería porque siempre fui el puto del grado, por más pelo rubio, ojos verdes y nunca menos de 10 en Dibujo?
    No lo sabía (sí lo sabía, en su momento a más de uno les deseé la muerte), pero no estaba teniendo un reencuentro con mis compañeros hasta que desgrabando la nota pude oír que la delgada y morocha de rulos, encargada de La Farola, decía algo como: "sí, los reencuentros que se van armando por el Facebook..." y automáticamente dije "Oh - my - god" (bien Janice) y casi sin darme cuenta, a las dos semanas, había llegado a un grupo armado por chicos de la escuela donde hice la primaria y estaba enfrentándome con caras muy conocidas. Algunas siniestras. Algunas vacías. Algunas ausentes.

    Como afiebrado por todo lo que eso significaba, empezamos a subir fotos. A mandarnos mensajes. A decirnos lo bien que estábamos (yo soy el más impecable). A comentarnos brevemente en que andábamos. Qué doctores, qué licenciados... quién sabe. Y a planificar un reencuentro, al que acepté desde la lejanía del tiempo sin siquiera pensar en las terribles consecuencias.

    Las semanas pasaron, entre recados, viendo como aparecían viejos compañeros, viejas fotos nuevas, etc; y el reencuentro fue el viernes que pasó y al que no fui por diversos motivos. Qué choto.
    Y hoy domingo puedo decir que me pasé el fin de semana viendo por Facebook las fotos de la afamada reunión, regocijándome con las imágenes, criticando detalles y buscando información para conocer: quién era el más cheto, el más buena onda, el más ojeroso, el más gordo y quien sigue siendo la misma mierda.
    Encontré todas las respuestas, pero ante todo supe que la velada fue gratificante. Que fue algo tan loco como maravilloso y de la cual todos están contentos, con decir que ahora se planea un nuevo encuentro y dentro de la escuela, ya que una de las chicas es la hija del portero.

    Me imagino una "fiesta" dentro del establecimiento, sacando fotos hasta cagarme, viendo esas caras de nuevo y buscando en ellos los recuerdos de la niñez. Pero, sobre todas las cosas, me imagino estos 18 días con la boca cerrada y llegando al gran evento como la vedette de la noche.

    (Sí, el de la foto soy yo a los 6 años)

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    Derrochado x Fran a las 10:03 p. m.  

    domingo, noviembre 23, 2008

    Un desgarro de emociones

    Sr/a lector: Ud. está en presencia del post 300 de MaT y se viene largo. Está advertido.

    Estoy a una semana que se termine noviembre y sigo sin darme la vacuna contra la rubéola, y sinceramente no sé cuánto tiempo más podré engañar a mi padre con versos sobre el cierre parcial del hospital por una huelga sin límites, con las salitas médicas del barrio clausuradas por la falta de insumos o con las farmacias desabastecidas por el exitoso boom que implica esta lucha descarnada y sin cuartel contra la rubéola. No sé.
    Aun así, tengo que usar el auto... pero cuando me recupere porque, según la palabra autorizada de un médico, tengo un desgarro muscular en el abductor que si dentro de las 24hs. presento hematomas en la pierna es porque tengo ruptura de músculos, y tendría que hacerme unos pequeños estudios, aunque ya sabemos que zafé de ruptura de tendón. Pero... ¿cómo es que llegué a desgarrarme?

    El viernes que pasó fue brutal y lleno de energías positivas (?) Para comenzar, fue el día que le dimos al aire acondicionado en casa como si no hubiera un mañana y que significó que el jardincito de adelante se inundara del agua que el aparato va largando de una transparente manguera. Debo admitir que Ulises (el cachorro de 40 kilos) tuvo suspendidas sus actividades orgánicas en dicho espacio por razones obvias.
    A su vez, mi hogar fue una especie de heladera cósmica en la cual todos eramos felices, veíamos tenis, tomábamos suculentos licuados de frutillas y las mascotas yacían en el piso pero por costumbre nomás.
    Cuando pensé que el viernes mejor no podría culminar, fui invitado raudamente al recital de Queen, que claro está, no dudé un segundo y abandonando mis frescos ambientes, me aventuré a la calidez de la ciudad, trasladándome a Liniers. Un espanto.

    Pero bueno, dentro de todo espanto geográfico se supone la existencia de un oasis, que en este caso sería el estadio de Velez y conste en actas que le estoy dando mucho crédito porque voy a estar visitándolo seguido.
    Volvamos brevemente al recital: es increíble porque uno no tiene noción de estos flacos, hablo de noción de la inmensidad, de lo que representan, de la historia que estos chabones han escrito (?) y cuando de golpe oís temas TAN clásicos no podés creer que esté sonando The show must go on, o Radio ga ga, o Love of my life o Rapsodia bohemia o etc. Tampoco se puede creer el pelo de May... ¡loco, que se le caiga!
    En síntesis, yo no tengo palabras para describir esos momentos que pasé de la mano de mi amada y bienaventurada amiga
    Grisel (que podrán vernos juntos en las fotos de la primaria de mi Facebook) porque si bien no soy fan de Queen, debo decir que soy un admirador de la fuerza de la banda y de la voz sin escrúpulos de Rodgers (lo amo desde que lo oí y voy a pedirle que me cante el arrorró).

    Ahora bien, nosotros nos sentamos en un lugar un poco alejado del escenario, es cierto, pero antes tuvimos la desechada posibilidad de pagar una coima a los acomodadores y pasar a formar filas de una platea un poco más VIP.
    Desde nuestros lugares originarios, planteamos la posibilidad de tras un pequeño desembolso económico ascender a la categoría que nos seguía, y fue así como atravesé media platea alta para ir al encuentro de nuestro coimero de turno que rápidamente aceptó trasladarnos de nivel.
    Para volver al encuentro de Grisel, que estaba sentada en nuestros lugares iniciales, volví a atravesar la platea esquivando enfermos y tratando de no caerme a la mierda de las escaleras que YA estaban ocupadas de traseros de personas sin educción que no ponían sus sucios culos en los asientos correspondientes.
    Es fácil imaginarse como sigue esto. Bajando las peligrosas escaleras e intentando no pisar ni ropa, ni manos, ni artilugios, le erré al escalón y mi pierna izquierda se fue a una fosa y mi pierna derecha quedó no sólo arriba del escalón, sino que soportando un ángulo de 176º. Sí.
    He aquí mi desgarro.

    Claro que el dolor, que se asemeja a una cuchillada o a un tirón lo suficientemente fuerte, apareció al instante y perduró durante la noche, dificultándome caminar pero que a su vez no era algo que uno diga "guauquedolormequieromorir". Así termino el viernes, así transcurrió el sábado y mis dolores continuaban y empeoraban hasta que hoy domingo sé lo que padezco y sé que me espera un poco de reposo por unos largos días, hielo (porque se me hinchó la gamba y soy Maradona en el 94) y demás drogas en pastillas que las bajaré con los más deliciosos alcoholes y néctares de delicadas frutas.

    Ya saben, en estos días no me pidan que cabecee porque estoy así por darles mi vida. Otra cosa, al mogólico, que cuando me hice concha, hizo como Nelson (de los Simpson) "AH AH!", que me la mame hasta el final.

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    Derrochado x Fran a las 5:47 p. m.  

    martes, septiembre 16, 2008

    Abanderado

    Esto de acá no sale: Primero que nada esto es noticia reciente, o sea que cumple con un criterio de noticiabilidad (?) o varios, y aunque en realidad no debería saberlo nadie, mi fidelidad hacia Uds. me sienta frente a mi precioso monitor para contarles el episodio:

    Resulta que venía de la facultad, en el auto, cantando a los gritos como ya todos saben. No sé por cuál motivo (es bueno, obvio) están por todos lados haciendo controles de alcoholemia.

    (Hacemos un stop para agregar que mi primer control de alcoholemia fue hace unos meses, una madrugada de sábado cuando volvía de casa de una amiga con la panza llena de gaseosa después de mirar películas y comer golosinas como cerdos. Una vergüenza, ni una gota de alcohol)

    Cuestión que veo a dos hombrecillos a unos 50 metros vestidos de azul y negro que hacían con espamento peculiares señas para que detenga mi metalizado auto. No tuve más opción que hacer caso omiso y frenar casi de golpe olvidando de este modo bajar la música que a un volumen violento salía del carro al resto del mundo. También tuvieron suerte que no les pase por encima.

    Acto seguido bajé el vidrio mientras con una mano buscaba nerviosamente unos documentos y al girar mi cabeza hacia la izquierda encontré a unos pocos centímetros de mi cara al rostro cizañero del muchacho que controlaría mis niveles etílicos y se dio el siguiente diálogo:

    Yo: Sí (?), buenas noches...

    Controlador de nivel etílico en sangre: Buenas noches... Madonna?

    Yo: ehm... ¿qué? (me mató)

    Garca retrasador (?): (señala el estéreo y pone cara de música muy fuerte) eso...

    Yo: (cayendo en el momento de lo que sonaba) ¡Ah! no... (le agrego actitud y se va a la puta que lo parió) bah casi eh, igual es el tema de Evita! (!!!)

    Pelotudo con sonrisa de tarado: Claro, sí, eso... (!!!)

    Después de eso decidí continuar mi regreso en calma y para evitar otra situacion así puse un CD de mi padre que encontré por ahí: La carretera, de Julio Iglesias.

    (¿Sabían que viene Julio al país?! WooOWOWO!)

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    Derrochado x Fran a las 11:50 p. m.  

    lunes, septiembre 08, 2008

    No superación

    Esto va a ser terrible: Le canto al auto mientras le solicito que no se vaya a quedar. Y cuando empieza a regular mal le doy una palmadita de amigo (¡¿?!) en el volante mientras le tiro buena onda.


    (Me quiero morir)

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    Derrochado x Fran a las 9:09 p. m.  

    miércoles, agosto 13, 2008

    Todo tiene una razón

    Hace unos días viajaba en bondi y cuando llegó el oportuno momento de bajarme levanté mi culo de un alejado asiento al final del gran coche y por obra y arte de la aceleración, del movimiento rectilíneo uniforme (?) y del hijo de una recalcada puta del chofer pasé desde el final del pasillo a la puerta del medio del carro corriendo, golpeando cabezas, abriendo los ojos a más no poder, cuidando de no romper el celular ni despeinar mi larga cabellera pero aterrizando ante los portones con una tímida sonrisa.
    Cuando pude reponerme tras intensos espasmos, toqué timbre inmutado. Pero esto no es todo, lo que había empezado siendo acompañado por "ooohhh", "aaahhhh", "¡ooaoaoaaooaah!" y demás interjecciones onomatopéyicas por parte del resto de los pasajeros se convirtió en un aplauso cerrado y algún que otro gritito de fanatismo.
    Yo despierto esas sensaciones en la gente.

    Hoy voy a la farmacia y apenas logro conectarme con los diálogos que ahí dentro se producían capto a un cliente que le decía al farmacéutico: -Hoy seguro me desmayo- y ni bien terminó de decirlo pasaron 3 segundos cronometrados y el alto hombre de unos 38 años cayó a la cerámica monocromática como sorete de vaca (?) pero antes de quedar totalmente tendido en el piso, este señor le dio un golpe con una mano a un caja llena de golosinas que volaron picarezcamente por los aires y con la otra mano le dio un bife a unos canastitos de los cuales salieron despedidas varias cosas que quedaron desparramadas por la totalidad del comercio. No obstante, antes que todas las porquerías toquen tierra, yo recibí un mamaderazo volador.
    También provoco esas cosas en la gente.

    Y es por eso que no estuve posteando, porque estoy hace días muriéndome de la risa como un verdadero idiota.

    (Ojo, también podría contarles que se me prendió fuego el CPU... pero eso es otro tema)

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    Derrochado x Fran a las 12:07 a. m.  

    miércoles, julio 02, 2008

    Fran preso 3, el final

    (Mierdas, estuve ocupadísimo por eso no posteé! soretes!)

    Mi soul mate (mi prima, amiga) no contenía sus ganas de mandarme sms y yo tenía que informarle mi situación pero también quería evitar quedarme sin crédito justo en ese penoso momento. También tenía que sufrir los mensajes de mi viejo y los malos augurios de mi hermano. Pero como quién no quiere la cosa, no tenía que olvidar que estaba demorado y que no estaba de joda, por eso el celular lo tenía a medio esconder y ni daba ponerse a escuchar música como un adolescente enloquecido por la llegada de la primavera.

    La consigna de la ley era esperar al médico legista que justito, qué casualidad, se había ido apenas yo caí. Según el pronóstico positivo del Principal, el hombre de la salud podría tardar hasta 10 hs. (o como decía mi hno.: "Ese hijo de puta cae mañana a la mañana, hacete la idea, hoy dormís sentado al lado de Marta sin H") así que no existía otra que permanecer en mi calabozo vip que en sus iniciales momentos no parecía tan malo: había una estufita, una tele 20'' color, una heladera y una puerta abierta que daba a algún gélido garaje. Detrás de mí había un bañito y un calabozo posta y más atrás estaban unos compartimientos secretos de donde brotaban ruidos de personas que estaban atrapadas (?). También había olor a pedo.

    Las primeras dos horas fueron aburridísimas, me la pasé contemplando TN y platicando con los oficiales de turno que no hacían más que preguntar la razón por la cuál yo estaba ahí reposado de piernas cruzadas y expulsando aromas de un perfume caro. Ni hablar de mis pelos correctamente erizados para cualquier lado.
    Entre otros contenidos, se tocaron tópicos como: "el tránsito es un quilombo", "la policía siempre tiene la culpa", "el de la moto es un flor de boludo", "el médico no viene más".

    Las expectativas de salir de ahí cada vez estaban más lejanas pero estaban, y al encabezar la tercera hora de encierro llegó mi acompañante: Marta sin H Carmen fue a parar ahí porque parece que se cagó a palos con la viejita con quien vive y esta la denunció. Marta sin H estaba vestida así nomás, con una muy linda cartera y en pantuflas sin medias. Parecía medio loca, medio suficiente a decir verdad, pero copada la loca eh...

    A Marta sin H le hicieron mil veces los legajos (por lo cual conozco de memoria: nombre completo, nacionalidad, domicilio y fecha de nacimiento) y mil quinientas veces más le colorearon los dedos para que pusiera sus huellas en unos pliegos. A Marta sin H nadie quería darle detergente y esponja para que quite la tinta de sus tristes dedos, le habían empezado a tomar bronca porque la desdichada anciana preguntaba a cada rato cuando sería la llegada del afamado facultativo. Siempre supe que apenas llegara ese hijo de puta, la atendería primero a ella, pero bueh... ella no era mi competencia, era mi colega en esto de los crímenes (?) y encima era mujer.

    A Marta sin H (así es como ella eternamente dijo su nombre chicos, ¡capaz es así!) no le dialogué durante las dos primeras horas y tampoco la miré a los ojos, a pesar de sus insistentes búsquedas de complicidad. Sabía que estaba medio gagá y que si de mi boca afloraba un simple "¡buenas!" se iba a colgar a recitarme vida y obra, a preguntarme sobre mi existencia y la verdad que yo estaba con el culo un poco dado vuelta a esa altura.
    Marta sin H siempre lo supo, iba a costar que yo me entregara a ella pero aun así juntos pasamos una velada casi encantadora: entre nos desfilaron rateros juveniles, pungas freelance, chorros de malamonta, drogadictos sub20, etc., y ella los miraba atónita y perseguida me miraba a mi, a ver que enjuiciaba de ellos. Lo mejor fue cuando un pibito se quedó en slip y tenía colado en los huevos una lata de pegamento, ¡durísimo!
    Es obvio que terminamos conversando, y concluí mandándola un poco a la mierda y fue ahí cuando Marta sin H Carmen ingresó en mi corazón para siempre: "pero no te enojes" (con tonito de madre) "y ¿en serio tenés esa edad? ¡Pareces de 20!" (le dije que no exagerara que en un día cumplía los 28).

    Por Marta sin H tuve un cruce de vocablos con un policía porque son unos desconsiderados de porquería. La defendí a ella. Ella me devolvió los favores abusando de su verborragia y pidiendo a cada instante que cierren la puerta, que hacía mucho fresco (ella no tenía frío, era yo el que estaba congelado y que días después me costaría un resfrío mortífero)

    Fue todo muy anómalo. Raro porque no estoy acostumbrado estar estático y que me caguen a pedos por un mínimo movimiento.
    Les confieso que en momento me di cuenta que en el morral tenía un pucho mitad tabaco y mitad marihuana, y cuando me percaté de eso, no me alcanzaron las manos para desbaratarme del mismo y tirarlo ahí en el tacho de residuos del escritorio del oficial de guardia. Loco, la juventud está hecha mierda, de una.

    Decía: Raro porque estábamos a horas de mi cumpleaños. Raro porque todo eso simbolizaba que mis otros planes quedaban truncos. Anormal porque terminé viendo "Duro de matar" en Cinecanal y no era en el cine cualunque que ideaba con Botona para la noche que seguía. Raro porque le contesté mal al clínico por canalla y el cana me llamó la atención y raro porque cuando me fui tras más de 8 hs (cuando me llevaban a la salida) le dije al flaco: "esperá un toque, creo que deje algo en la silla", y fue sólo para volver a la puerta entreabierta de la guardia y decirle a Marta sin H Carmen Angeleri que esperaba a otro médico, al psiquiatra:
    -"Nos vemos, suerte"- y la saludé con la mano levantada, sin separar los dedos y con un gesto de mezclar discos como algún DJ de moda en una playa de Pinamar.

    (Si estoy con el culo derecho les detallaré asquerosidades vía comments)

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    Derrochado x Fran a las 12:35 a. m.  

    jueves, junio 19, 2008

    Fran preso 2

    El oficial había leído mis derechos casi sin tomar aire. Había sentenciado en mí montón de dudas sobre mi destino corto y había logrado que los testigos, a pesar de sus pocas ganas de figurar, dieran el bendito testimonio. Los artículos eran varios y casi todos hablaban de lo mismo. En un momento hasta se mencionó a mi abogado y si tenía carencia de éste podía solicitar uno al Estado. Resumiendo: como en las películas, con la diferencia que ni yo era Colin Farrell ni los policías eran Mel Gibson y Danny Glover. ¡Y menos mal!

    Finalmente llegó el momento de irnos. La moto había quedado a la custodia de un policía de esos que andan caminando lentamente todo el día con las manos apretadamente guardadas en los bolsillos. La moto (una Yamaha bastante pulenta -¿?) mostraba su rueda delantera bloqueada y contra el cuadro. O como dije yo en voz alta delante de los canas: "e' la moto quedó re mal, pero re bien". En ese momento había comenzado a adquirir un lenguaje tumbero, como bien me dijeron después cuando respondí un sms del sig. modo: "Todo tranca, vos quedate piola".

    El auto tuve que llevarlo a la playa judicial de la Comisaría 33, allá por Juramento pasando Libertador. También tuve la suerte de que el auto no estaba mal como para que lo lleve una grúa, sino me moría de la angustia, y mediante autorización de los que aplican el poder pude llevarlo yo mismo, siguiendo detrás a la patrulla de la comisaría con número de campeonatos ganados por River Plate. Ejem.
    Está de más decir que más que nunca seguí al pie de la letra las normativas y cumplí toda reglamentación vial. Como siempre, para qué mentirles.

    Del desarmadero ese, donde se visualizaban autos viejos encima de coches quemados y de restos de fierros, y donde quedó mi bello auto color celeste metalizado, fui a parar al destacamento, llevado en el carro policial y sentado atrás, tras el enjaulado que estos vehículos tienen. Es curioso como la gente mira siempre quienes van dentro de los patrulleros: para comenzar buscan con la mirada al conductor y al acompañante (que me ofreció fumar porque después no podría) y continuadamente a quién hace las veces de prisionero de la ley. En este caso yo, que me sentía como Máxima de Holanda paseando por su callecitas adornadas de holandecitos y mierditas del primer mundo (permítanme discrepar contra la burguesía, ahora era un rehén de la justicia)

    Mis primeros momentos en "la 33" fueron dedicados a dar mis datos, a contarles al paso una y otra vez lo sucedido, a decir mil veces cuál era mi apellido y a llamar a mi casa. Tenía derecho a una llamada, y sinceramente no daba ponerme a llamar a amistades para decirles: "Che bolóh, no sabé' lo que me pasó!", no, tenía que llamar al Apah y contarle todo y rogarle que haga usos de sus poderes y me saque de ese espantoso hueco de color verde con olor a grasa de auto. No fue así. Tampoco mi viejo murió infartado al saber la noticia (que era lo que más temía) pero tampoco me preguntó como estaba yo. En realidad en ningún momento nadie quiso saber cómo estaba YO, sólo importaba que el gordo maicena con leche condensada estuviera bien. O no.

    Después de dar nuevamente mis datos que fueron ingresados en un sistema, fui a parar a una guardia que sería mi "Calabozo Vip" y donde encontraría a mi primera compañía que sería una anciana llamada Marta sin H Carmén que haríamos una dupla incomparable (?).

    Cuando el aire se cortaba con tijera (!!!) una voz ronca dijo: 'Venga, traiga sus manitos, es hora de pintarle los dedos para su prontuario...'

    Ahí tuve dos reacciones inmediatas: 1) mensajear a mi soul mate y decirle: Me están pintando los dedos, me muero de la emoción y 2) desmayarme.

    (Continuará)

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    Derrochado x Fran a las 11:19 p. m.  

    viernes, junio 13, 2008

    Fran preso

    Yo antes de mi cumpleaños tengo una semana previa del orto. Es malísima, paso por mares de llantos, de risa, de emoción, de odio y bronca... picos anímicos en sí; y este año vaticiné que esta semana previa sería la peor de todas... Aun así no, me equivoqué, se dio todo de una manera normal (como a mi me gusta) y hasta llegué a planear el festejo de mi cumple (años anteriores era lo peor que me podía suceder) pero por motivos varios tuve que abortar la idea y dosificar:
    jueves, cena en Barracas, viernes cena y capaz cine con
    Botona, sábado 14 (el día de mi natalicio) light en casa con algún invitado de la flia., llamados, sms, mails, etc y domingo laburar hasta las 20hs. y después irme a comer un guiso de lentejas con marihuana que mi amigo Andrés ofreció hacer (?) para amigos del colegio y aprovechar para festejar mis 28.
    Sin embargo esta semana no podía ser del todo normal, sepan que me las ingenio para dar que hablar, de alguna u otra manera...

    El jueves transcurría normal: el técnico cambiaba el motor quemado de la heladera, el perro amenazaba con comerse al sr. que mostraba su cuenca anal, yo desayunaba a escondidas en mi cuarto y con Botona decidíamos ir el viernes a un cine barato de Florida dónde seguro veríamos dos películas al precio de una, pero que una sería Duro de matar. Pésimo.
    El mismo día también decidí ir con el auto a la facultad porque de ahí me iba a Barracas a comer y a chusmear unas picanteces que ni puedo reproducir. Y así fue como habiendo pasado una cuadra a Juramento y sobre Cabildo paro en un semáforo, mientras mis cuerdas vocales tocaban las notas de Disco Inferno (porque tengo una semana sumamente Disco y no paro de bailar) y cuando pongo primera para salir siento un PLLLUuUuuM fatal que me sacude al ritmo del tema de Fiebre de sábado a la noche.
    La primera reacción fue mirar por el espejo, pero créanme, no había nada ni nadie hasta que se divisó una mano que emergía de las bajezas de la calle para pedir ayuda. Yo de entrada empecé a putear por mi suerte y lo primero que hice (aparte de pensar en que mi viejo me partiría el resto del baúl en la cabeza) fue apagar el estéreo y dirigirme hacia un costado de la virulenta avenida.
    Tuve que acercarme al mogólico que con la moto me había chocado. Al mogólico que me había comido estando YO parado y que alegaba que yo había frenado de golpe (cuando repito: estaba en el semáforo) y al tarado imbécil conchudo de poca leche que no dejaba de mariconear por su piernita entumecida. Grandísimo hijo de puta sos obeso de 2 mts y te quejás por una motito encima de la pierna? Hacete hombre, puto traga polvos.

    Sepan disculpar.
    Aun así me controlé y le pedí que se calme que ya venía la ambulancia, que no se mueva, que deje de hacer tanto espamento porque le iba a pisar la cabeza con mis Converse blancas e iba a desparramar su poca materia gris hasta Plaza Italia. Finalmente llegó la policía, y posteriormente la ambulancia y créanme de nuevo que casi el cerdo se cae de la camilla cuando se lo llevaban.

    Cuando el gordo valor se fue, nos quedamos con los agentes chusmeando, hablando del siniestro, del hermoso día que había pero del viento fresco que se veía venir. A los minutos cayeron dos oficiales más y ya eramos 5 los que charlabamos como locos: que sí, que no, que es un boludo, un mogólico, una moto de mierda, que le voy a hacer un agujero, que vos estás imputado.
    Perdón, imputado YO? Me chocan y yo soy el imputado? Me están cargando? Chicos, tengo dos clases por delante, una cena en Barracas y una trasnoche de chismes hasta quedarme sin saliva Y UDS. ME DICEN QUE YO ESTOY IM-PU-TA-DO?
    No lo comprendí bien, hasta que los dos representantes de la ley que habían llegado último, llamaron a dos personas para que sean oyentes cuando se me leyeran mis derechos.
    Cuando me dijeron entre otras cosas: "tiene derecho a un abogado..." y "tiene derecho a una llamada", pensé: momento, qué mierda esta pasando acá?...

    (Continuará)

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    Derrochado x Fran a las 10:19 p. m.  

    miércoles, diciembre 05, 2007

    Colita de cuadril

    Chicos, olvidé contarles algo TERRIBLE que me sucedió la semana pasada y viene a raíz de las patadas que el auto me venía dando cuando lo cerraba. Digo "venía" porque ahora lo cierro a las patadas, de un mochilazo, un culazo, codazo, etc... Cuestión que entré a un antro de estos donde venden cosas para autos (vieron que huele a goma gastada, a grasa vieja, a plástico ácido, a meo de días, bueno) y ansioso por quitarme este castigo eléctrico pregunté:

    Yo: hola, qué tal? Ando buscando una colita de rata... (y se hizo el silencio)

    Ahora yo me pregunto, Uds. sabían que esa mierdita que se pone colgando de abajo para descargar la mierda de estática se llama "colita rutera"? No? Yo tampoco.

    (Igual ahí no vendían, menos mal)

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    Derrochado x Fran a las 1:02 a. m.