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Campaña Septiembre 2008


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    jueves, junio 19, 2008

    Fran preso 2

    El oficial había leído mis derechos casi sin tomar aire. Había sentenciado en mí montón de dudas sobre mi destino corto y había logrado que los testigos, a pesar de sus pocas ganas de figurar, dieran el bendito testimonio. Los artículos eran varios y casi todos hablaban de lo mismo. En un momento hasta se mencionó a mi abogado y si tenía carencia de éste podía solicitar uno al Estado. Resumiendo: como en las películas, con la diferencia que ni yo era Colin Farrell ni los policías eran Mel Gibson y Danny Glover. ¡Y menos mal!

    Finalmente llegó el momento de irnos. La moto había quedado a la custodia de un policía de esos que andan caminando lentamente todo el día con las manos apretadamente guardadas en los bolsillos. La moto (una Yamaha bastante pulenta -¿?) mostraba su rueda delantera bloqueada y contra el cuadro. O como dije yo en voz alta delante de los canas: "e' la moto quedó re mal, pero re bien". En ese momento había comenzado a adquirir un lenguaje tumbero, como bien me dijeron después cuando respondí un sms del sig. modo: "Todo tranca, vos quedate piola".

    El auto tuve que llevarlo a la playa judicial de la Comisaría 33, allá por Juramento pasando Libertador. También tuve la suerte de que el auto no estaba mal como para que lo lleve una grúa, sino me moría de la angustia, y mediante autorización de los que aplican el poder pude llevarlo yo mismo, siguiendo detrás a la patrulla de la comisaría con número de campeonatos ganados por River Plate. Ejem.
    Está de más decir que más que nunca seguí al pie de la letra las normativas y cumplí toda reglamentación vial. Como siempre, para qué mentirles.

    Del desarmadero ese, donde se visualizaban autos viejos encima de coches quemados y de restos de fierros, y donde quedó mi bello auto color celeste metalizado, fui a parar al destacamento, llevado en el carro policial y sentado atrás, tras el enjaulado que estos vehículos tienen. Es curioso como la gente mira siempre quienes van dentro de los patrulleros: para comenzar buscan con la mirada al conductor y al acompañante (que me ofreció fumar porque después no podría) y continuadamente a quién hace las veces de prisionero de la ley. En este caso yo, que me sentía como Máxima de Holanda paseando por su callecitas adornadas de holandecitos y mierditas del primer mundo (permítanme discrepar contra la burguesía, ahora era un rehén de la justicia)

    Mis primeros momentos en "la 33" fueron dedicados a dar mis datos, a contarles al paso una y otra vez lo sucedido, a decir mil veces cuál era mi apellido y a llamar a mi casa. Tenía derecho a una llamada, y sinceramente no daba ponerme a llamar a amistades para decirles: "Che bolóh, no sabé' lo que me pasó!", no, tenía que llamar al Apah y contarle todo y rogarle que haga usos de sus poderes y me saque de ese espantoso hueco de color verde con olor a grasa de auto. No fue así. Tampoco mi viejo murió infartado al saber la noticia (que era lo que más temía) pero tampoco me preguntó como estaba yo. En realidad en ningún momento nadie quiso saber cómo estaba YO, sólo importaba que el gordo maicena con leche condensada estuviera bien. O no.

    Después de dar nuevamente mis datos que fueron ingresados en un sistema, fui a parar a una guardia que sería mi "Calabozo Vip" y donde encontraría a mi primera compañía que sería una anciana llamada Marta sin H Carmén que haríamos una dupla incomparable (?).

    Cuando el aire se cortaba con tijera (!!!) una voz ronca dijo: 'Venga, traiga sus manitos, es hora de pintarle los dedos para su prontuario...'

    Ahí tuve dos reacciones inmediatas: 1) mensajear a mi soul mate y decirle: Me están pintando los dedos, me muero de la emoción y 2) desmayarme.

    (Continuará)

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    Derrochado x Fran a las 11:19 p. m.