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    domingo, diciembre 14, 2008

    Los muertos vivos

    Hace unas semanas tuve que hacer unas entrevistas en el barrio de Villa Urquiza buscando datos sobre la inseguridad y los estereotipos que la gente marcaba en los delincuentes, y fue sinceramente un trabajo delicioso que me tuvo... como decirlo: entusiasmado. En una de estas entrevistas tuve como objeto a la encargada de un restaurante que, entre varios puntos, me contó que ahí habían matado a dos personas y que tenían reservas hasta fin de año porque, curiosamente, había como una ola de reencuentros de jóvenes con sus ex compañeros de la primaria.
    Llamativo, pensé. La metáfora "ola" nunca mejor utilizada.

    Me pregunté porque yo no estaba teniendo de esos reencuentros. ¿Sería acaso porque de muchos que éramos, en su momento sólo me hablaba con menos de la mitad? ¿Sería acaso porque los niñitos no hacían más que marcar las diferencias de clase?¿Sería quizás porque nunca me invitaron a la casa del más "adinerado" (sos de Barracas, infeliz) a festejar "asaltos" o fiestas de disfraces? ¿O quizás sería porque siempre fui el puto del grado, por más pelo rubio, ojos verdes y nunca menos de 10 en Dibujo?
    No lo sabía (sí lo sabía, en su momento a más de uno les deseé la muerte), pero no estaba teniendo un reencuentro con mis compañeros hasta que desgrabando la nota pude oír que la delgada y morocha de rulos, encargada de La Farola, decía algo como: "sí, los reencuentros que se van armando por el Facebook..." y automáticamente dije "Oh - my - god" (bien Janice) y casi sin darme cuenta, a las dos semanas, había llegado a un grupo armado por chicos de la escuela donde hice la primaria y estaba enfrentándome con caras muy conocidas. Algunas siniestras. Algunas vacías. Algunas ausentes.

    Como afiebrado por todo lo que eso significaba, empezamos a subir fotos. A mandarnos mensajes. A decirnos lo bien que estábamos (yo soy el más impecable). A comentarnos brevemente en que andábamos. Qué doctores, qué licenciados... quién sabe. Y a planificar un reencuentro, al que acepté desde la lejanía del tiempo sin siquiera pensar en las terribles consecuencias.

    Las semanas pasaron, entre recados, viendo como aparecían viejos compañeros, viejas fotos nuevas, etc; y el reencuentro fue el viernes que pasó y al que no fui por diversos motivos. Qué choto.
    Y hoy domingo puedo decir que me pasé el fin de semana viendo por Facebook las fotos de la afamada reunión, regocijándome con las imágenes, criticando detalles y buscando información para conocer: quién era el más cheto, el más buena onda, el más ojeroso, el más gordo y quien sigue siendo la misma mierda.
    Encontré todas las respuestas, pero ante todo supe que la velada fue gratificante. Que fue algo tan loco como maravilloso y de la cual todos están contentos, con decir que ahora se planea un nuevo encuentro y dentro de la escuela, ya que una de las chicas es la hija del portero.

    Me imagino una "fiesta" dentro del establecimiento, sacando fotos hasta cagarme, viendo esas caras de nuevo y buscando en ellos los recuerdos de la niñez. Pero, sobre todas las cosas, me imagino estos 18 días con la boca cerrada y llegando al gran evento como la vedette de la noche.

    (Sí, el de la foto soy yo a los 6 años)

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    Derrochado x Fran a las 10:03 p. m.